Meditación

El silencio está lleno de respuestas

La meditación es la esencia y la síntesis del Yoga, la dirección hacia donde deben orientarse todos los esfuerzos del practicante, siendo el Yoga físico un paso previo para ello. Para conseguir este estado, debe entrenarse el dominio de la postura, la observación y el control de la respiración, la atención y la concentración. Cuando todos estos objetivos se han alcanzado, la práctica continuada permite que surja el estado meditativo.
La meditación consiste en una experiencia de unidad y totalidad, y busca llegar a un estado de síntesis en el que el meditador, el objeto de la meditación y su proceso se funden en una unidad. Esto nos permite actualizar nuestro potencial mental y volvernos verdaderamente conscientes de la esencia de todas las cosas. En el estado meditativo cesan el pensamiento y los condicionamientos mentales, quedando sólo la experiencia directa, el conocimiento intuitivo y verdadero de la profunda interrelación de todas las cosas que en nuestra experiencia habitual vemos como separadas por la dinámica dual de nuestro pensamiento.
La verdadera meditación no se practica, sino que es un estado que surge cuando hemos logrado las condiciones necesarias; lo que se practica es la interiorización (pratyahara), atención o concentración (dharana), y estas prácticas nos preparan para el surgimiento del estado meditativo.
Hay distintos sistemas y escuelas de meditación que presentan enfoques diferentes. Algunos métodos, como los del Raja Yoga clásico, enfatizan el autocontrol y la concentración como pasos previos para dominar la mente y sus tendencias a la dispersión. Por otro lado, otros métodos, como la meditación budista Vipassana, el Yoga Nidra, la técnica de Antar Mouna  y el Mindfulness, enfatizan la toma de consciencia por medio de la observación y la atención, de forma que el meditador permanece consciente de lo que ocurre en cada momento como un testigo no identificado con la circunstancia, lo que permite que las impresiones mentales y las tensiones subconscientes emerjan a la superficie de la mente y allí puedan ser disueltas o integradas.
La práctica de la meditación demanda decisión y valor, ya que los primeros pasos suelen resultar no gratos, porque el practicante debe enfrentarse a su problemática personal que ha sido suprimida y ha quedado sepultada en el subconsciente. Sólo mediante una aceptación incondicional de estos aspectos podrá el practicante llegar a sus causas verdaderas, mientras que la actitud de testigo imparcial permitirá alcanzar una comprensión objetiva, desde la cual será posible erradicar los conflictos desde su causa en vez de reaccionar ante sus efectos.
Un error habitual es considerar que la meditación es sólo una práctica de interiorización pasiva. Más bien todo lo contrario: sus efectos beneficiosos se extienden más allá del practicante, quien al desarrollar sus cualidades de comprensión, ecuanimidad y compasión se vuelve capaz de interactuar de forma beneficiosa para el prójimo y el entorno. La meditación no sólo nos permite arreglar nuestro mundo interior, sino que nos convierte en agentes de transformación y mejora del mundo exterior.
Durante la práctica de la meditación suceden importantes modificaciones en algunas funciones fisiológicas y en la actividad cerebral, y esto produce beneficios globales en todos los niveles de la persona, que se manifiestan en los planos físico, emocional, mental y espiritual, entre los que pueden destacarse:

• Disminuye la presión sanguínea y estimula la circulación.
• Mejora nuestra respuesta emocional a los estímulos y situaciones externas por su acción sobre el sistema límbico.
• Incrementa la actividad del hemisferio cerebral derecho, mejorando la creatividad, intuición, orientación espacial y capacidad sintética.
• Aumenta nuestras reservas de energía y favorece un uso productivo de las mismas.
• Mejora la calidad del sueño y del descanso.
• Estimula los procesos regenerativos y autocurativos.
• Disuelve las impresiones negativas y permite eliminar bloqueos, fobias, complejos, miedos, ansiedad, etc.
• Nos dota de confianza  seguridad en nosotros mismos.
• Integra las diferentes facetas de nuestra personalidad y nos permite armonizarnos con nuestras circunstancias vitales.
• Mejora nuestro rendimiento en todas las actividades cotidianas.